Todos, nadie, alguien… Todos dicen estar conscientes de la profunda crisis económica internacional y de sus graves consecuencias para la economía nacional. Todos dicen que se debe hacer algo para apoyar a los 20 millones de mexicanos que viven en condiciones de pobreza alimentaria y para evitar que muchos más caigan en ella. Todos aceptan que de alguna manera se tiene que resolver el boquete fiscal de más de 300 mil millones de pesos. Todos exigen la reducción del gasto público y el recorte de gastos innecesarios…
Alguien tiene que hacer algo, clama con razón la sociedad. Los principales actores políticos, particularmente quienes tienen la mirada puesta en el 2012, se vanaglorian de saber cómo hacerlo. Sin embargo, casi nadie asume la responsabilidad de proponer. Es más, casi nadie toma acciones concretas al respecto. El superávit declarativo contrasta con el déficit de propuestas viables y de acciones concretas.
Alguien empieza a hacer la diferencia. La decisión tomada por el Presidente de la República para ordenar la liquidación de Luz y Fuerza del Centro es una acción sensata y valiente que rompe con las inercias y que responde a un problema del pasado, que sólo en 2009 nos costó a todos los mexicanos 40 mil millones de pesos y que había sido obviado o pospuesto recurrentemente por quienes habían tropezado con la misma piedra durante medio siglo.
Esta importante decisión no es un hecho aislado. Hemos visto cómo el Ejecutivo federal ha tomado medidas tendientes a la reducción del gasto público y su reconducción a los programas de combate a la pobreza, particularmente Oportunidades y Seguro Popular. Cada peso restado de áreas de ineficiencia y sumado a estos programas es un peso bien invertido a favor de los más necesitados.
Este mismo espíritu ha alentado las acciones del PAN durante las últimas semanas. Primero, los diputados federales, luego los gobernadores y, finalmente, los diputados locales emanados de Acción Nacional se han comprometido públicamente a adoptar medidas concretas tendientes al ahorro de unos mil 500 millones de pesos anuales y al incremento de los presupuestos de los programas de combate a la pobreza.
La semana pasada, el PAN presentó una iniciativa de reforma constitucional para reducir a la mitad el financiamiento público ordinario federal y eliminar el financiamiento público local a los partidos políticos nacionales. La aprobación de esta medida representaría un ahorro de unos 3 mil 300 millones de pesos en 2010, cantidad suficiente para, por ejemplo, comprar 50 millones de dosis de vacunas contra la influenza A H1N1. Ante la propuesta, casi todos los que exigen desde la oposición recortes y ahorros han mostrado su indisposición para poner de su parte, y encuentran “inexplicable y sospechoso” que el PAN esté dispuesto a reducir sus ingresos a la mitad, cuando lo inexplicable sería que los partidos políticos conservaran sus asignaciones presupuestales como si formaran una isla privilegiada en medio de las carencias de millones de mexicanos.
Todos, nadie, alguien… Sólo resta apelar al epílogo del inolvidable libro de Dumas: confiar y esperar. Confiar en que tendremos la sensatez de encontrar entre todos las soluciones. Esperar que las siguientes generaciones no tendrán que tropezar con las mismas piedras.
Presidente nacional del PAN