ESTA SEMANA, LA REVISTA IMPACTO PUBLICA ESTE REPORTAJE EN SU PORTADA, ACERCA DE MARGARITA ZAVALA, LA ESPOSA DE FELIPE CALDERON
Enfrentando en la soledad los peores momentos que el país ha vivido en décadas, el Presidente desperdicia el mejor de sus activos, a su esposa.Doña Margarita Zavala es el personaje que mejor cala en la población. Su impecable imagen de Señora, de política fraguada en las tareas partidaria y del Congreso, servirían a Felipe Calderón para llegar a donde ni él ni sus asustados (y en algunos casos incapaces) colaboradores logran penetrar.De una vez por todas, el Presidente debe exorcizar de Los Pinos en su beneficio el fantasma de Marta Sahagún. Nadie le pide que ofrezca a la señora Zavala como posible sucesora suya, pero en sus labios el discurso de la necesidad de que la sociedad contribuya a combatir la pobreza mediante un nuevo impuesto de 2 por ciento al consumo generalizado, sería más creíble que el machacado por él cotidianamente, que las inexplicables justificaciones de Agustín Carstens y las deplorables y un tanto cínicas de Gustavo Madero en el sentido de que los priístas lo rechazan porque tienen temor a que los pobres agradecidos se vuelquen en las urnas a favor de los candidatos panistas.Sería estrategia impecable e inatacable si Margarita saliera a pedir la contribución de la sociedad. A ella no habría forma de negar nada porque los mexicanos sabríamos que no se trata de una cuestión electoral, sino de una verdadera emergencia nacional como a diario lo señala el Presidente sin llegar a convencer.Si hubiese verdaderos estrategas políticos en Los Pinos y se dejara de escuchar a quienes por no se qué intereses ahí mismo insisten mantenerla al margen con el pretexto de que los mexicanos empezaríamos a sospechar de que hay una versión renovada de Sahagún, la señora Calderón ya estaría ayudando a su esposo, no en la tarea de gobernar sino en la de convencer a los mexicanos de que el gobierno sí está a la altura del momento histórico que vive el país.No obstante, no será fácil superar el síndrome Sahagún.EL CAMINO A ‘EVA PERÓN’Una mañana llegue a Los Pinos a platicar con Marta. Todo era agitación en lo que fue la sala de “última espera” (de alguna manera hay que llamarla) de los presidentes priístas, convertida para entonces en un palomar en el que se apretujaban secretarias y ayudantes. Nadie acertaba a decidir en dónde sería el encuentro. ¿En lo que fue la oficina de los presidentes, en donde había estado con De la Madrid, Salinas y Zedillo) o en “La Cabaña” del amor, como la llamaban los cronistas de la época?Marta ya había casado con Vicente Fox. No era jefa de prensa de la Presidencia, pero actuaba como tal y como muchas otras cosas... incluso de Presidente de la República como en ocasión de la parálisis sufrida por su esposo a causa de problemas en la columna vertebral; en el menos malo de los casos, como vicepresidenta, como decían sus detractores que lo hacía de manera cotidiana.Ocupar la oficina de los anteriores presidentes tenía su significado, pues su marido despachaba en lo que fue la residencia de sus antecesores. Se podía decir sin eufemismos que la Señora hacía el trabajo de la oficina y el Señor los de la casa.El secretario particular, Omar Saavedra, preguntaba angustiado por teléfono celular. ¿En ‘La Cabaña’? ¿En la Oficina? Finalmente fui conducido a través de los jardines hasta el hogar de Los Fox. Después de unos minutos de espera fui informado por un médico que aún jugueteaba con una enorme jeringa que la Señora esperaba ¡en la recámara presidencial!Desconcertado por el lugar de la cita traté de ocultar el nerviosismo con una mala broma que no hizo gracia al facultativo: ¿es necesario vacunarse?En la gran cama King Size descansaba Marta con el edredón cubriendo la mitad del cuerpo, de los pies al pecho; lucía el característico chongo apenas suavizado por el cepillo y el rostro con un poco menos del maquillaje cotidiano.Frente a la cama una gran pantalla y un proyector chocaban con la decoración agradable de la enorme estancia. La Señora trabajaba en un informe que pronto rendiría sobre las cuentas de la fundación ‘Vamos México’.Mientras el reportero miraba a todos lados tratando de memorizar cada detalle de la recámara presidencial y afanándose por encontrar una explicación qué esgrimir si de pronto irrumpía el señor de la casa, la primera dama explicaba que recién había sufrido un accidente. Padecía de la rodilla porque un caballo la había bajado de la manera menos glamorosa para quien está acostumbrada a montar pencos.Como se acercaba una histórica reunión en Los Cabos del Presidente con su homólogo de Estados Unidos, George Bush, y no quería perderse el encuentro, se había hecho infiltrar (así dijo) para evitar el dolor. Por eso la enorme jeringa.La inyección la obligó a permanecer en cama por lo menos durante un día, pues corría el riesgo de que a causa del movimiento la rodilla se hinchara. Esa era la razón por la que había decidido desahogar la agenda del día en la recámara y no en la oficina de los ex presidentes. Ignoro cuántas personas más pasaron después por el íntimo lugar. Yo sólo me concreté a hablar, escuchar y a acomodar a un lado de la silla frente a la gran cama King Size las botas vaqueras de color negro del presidente. Las cortinas permitían la entrada del radiante sol por los grandes ventanales.Abandoné Los Pinos confundido. Ni el hiperactivismo de la señora Fox ni el desahogo de las grandes tareas nacionales justificaban en mi mente de provinciano que la esposa del Presidente de la República recibiera a conocidos, mucho menos a extraños, que eso era yo, en la recámara. No ella, ninguna otra mujer que merezca el trato de Señora puede actuar de esa manera.Marta tenía un gran concepto del tiempo; quizá por ello nunca volvió a perderlo conmigo. Es una gran charlista; amena y, en aquellos tiempos, enterada. Sabía lo que quería y no podía darse el lujo de perder un segundo. Hizo todo lo que estuvo a su alcance por convertirse en nuestra Eva Perón, pero si a la esposa del general argentino se le cruzaron la Iglesia Católica, los terratenientes, el Ejército, la indecisión de su marido y el cáncer, a la mujer de Fox se le atravesó Alfonso Durazo con una severa carta-renuncia que marcó el inicio de la derrota política de quien aspiraba a gobernar el país sin interferencias, ni siquiera la de su hombre.LA AUSENCIA DE JUAN CAMILOLa ambición de Marta, convencida de que si Vicente podía ser Presidente, ella, que lo llevó de las manos hasta Los Pinos, también lo podía ser, es la causa de que la esposa del Presidente Calderón, doña Margarita Zavala, se vea obligada a permanecer casi enclaustrada tras las infranqueables murallas de (Los) Pinos. Quizá como mensaje a los mexicanos de que Felipe no es Vicente y Margarita no es Marta, desde el primer día del sexenio, cuando el nuevo Mandatario se reunía con el Ejército, a la esposa presidencial se le mantuvo a cierta distancia y se hizo circular la especie de que ya no se permitía el trato de Primera Dama y otras cuestiones por el estilo.A toro pasado lo que pareció una inteligente decisión se ha convertido en grave problema para un Presidente sin equipo. El senador Manlio Fabio Beltrones, poseedor de una especial habilidad para penetrar en la psique de sus interlocutores y contrincantes, dice que el de Calderón es un gobierno de cuates y de leales. No se equivoca del todo. Cuates sí, pero leales muy pocos.A partir de la inesperada muerte de Juan Camilo Mouriño se hizo evidente la soledad del Presidente. El campechano era el alma del Gobierno, los ojos, los oídos, las manos y el cerebro del Presidente, ya en la Oficina de la Presidencia o en la Secretaría de Gobernación. Lo era todo y, sin duda era también el ‘delfín’. Su viuda escribió en la Revista “Quién” que en algunas ocasiones en la intimidad de su hogar su esposo se preguntaba por cual de dos posiciones optaría: la gubernatura de Campeche o la Presidencia de la República. Murió sin decidir.Con el avión de Mouriño se vinieron al suelo muchas cosas. El Presidente perdió la oportunidad de hacer crecer a su secretario particular y prefirió al colector de fondos para su campaña, un oscuro empresario queretano, que como el gallo enano del Soldado de Levita en vano se pasa el año intentando crecer. Calderón se equivocó de nuevo cuando sacó de la oficina de Mouriño a Gerardo Ruiz Mateos y decidió que César Nava debía ser sepultado en la primera de las fosas con que pagaron a José Luis Santiago Vasconcelos entregar su vida para poner coto al crimen organizado, la inexistente Secretaría Técnica para Implementar las Reformas Judiciales. El lugar de Juan Camilo fue para Patricia Flores Elizondo. Al final, a César le tocó la rifa del tigre: es diputado, como deseaba, pero también el líder que debe garantizar al PAN mantener la Presidencia de la República.Sin Juan Camilo, el Presidente se ha visto obligado a improvisar. Entregó el control del gobierno a Flores Elizondo y ha cedido la procuración de justicia y el manejo de la política interior a uno de sus más acérrimos críticos, Diego Fernández de Cevallos. ‘El Jefe’ lo es del secretario de Gobernación, Fernando Gómez Mont, y del sucesor de Eduardo Medina-Mora, Arturo Chávez Chávez. El colmo es que al proponer éste al Senado no lo conocía o por lo menos no lo recordaba.La ausencia de Mouriño se notó en las pasadas elecciones. Sin conducción y sin estrategia acertada, el PAN fue arrollado por el PRI. Perdió la mayoría en la Cámara de Diputados y si ganó la gubernatura de Sonora fue gracias a la tragedia de la Guardería ABC, las torpezas de Eduardo Bours y el cobro de facturas entre priístas.Pero la muerte de Juan Camilo dejó a Calderón sin prospecto que garantice al PAN la permanencia en Los Pinos, que es obligación primordial del Presidente y, por si fuera poco, la obsesión que le quita el sueño. Ha tenido que improvisar por lo menos una terna: Ernesto Cordero, Juan Molinar Horcasitas y Alonso Lujambio. En Ruiz Mateos no piensa ni él mismo, y a partir de este lunes deberá considerarse en serio al secretario del Trabajo, Javier Lozano, el único que ha demostrado ser capaz de jugarse la cabeza por su jefe.Pero Cordero construye sus propios límites. Conozco a quienes ha confesado que no ganaría ni la presidencia de la sociedad de padres de familia en la escuela de sus hijos. Tal vez sea una broma para ocultarse, pero a pesar de manejar tres veces más dinero del que Luis Donaldo Colosio tenía a su disposición en Desarrollo Social, y de que si pasa el IVA disfrazado del 2 por ciento manejará más, mucho más, para repartirlo entre los pobres a cambio de votos, no parece crecer por causas imputables a su propia decisión de mantener el bajo perfil.A Juan Molinar Horcasitas lo persigue el fantasma de las guarderías porque fue durante su estancia en el IMSS que refrendó su vigencia. No obstante es quizá el más echado pa’delante. Poco antes de salir de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez me confió que lo sucedería un panista con posibilidades presidenciales. Y no por el contacto que ahí se tiene con los barones de las telecomunicaciones, sino por el control del gasto en la infraestructura. Es decir, ahí está el dinero que hace posible cualquier campaña electoral.Lo de Lujambio fue tan apresurado que recién se incorporó al PAN como militante. Se le buscó porque se supone que retrata bien y que con ello podría contrarrestar el fenómeno Enrique Peña.Pero mientras Nava refunda al PAN, los prospectos crecen y Lozano, una vez superada la tormenta que causará la negativa de Toma de Nota a Martín Esparza como líder del Sindicato Mexicano de Electricistas, ocupe por derecho propio un lugar entre ellos, el Presidente debe lidiar en soledad con un presente convertido en pesadilla.Él es todo voluntad, voluntarismo le llaman sus detractores, pero solo no puede llegar al pueblo como quisiera en los momentos más graves de las últimas décadas. Y es que la mayoría de los secretarios, asustados o sin tamaños para el momento que les tocó vivir, permanecen escondidos en la comodidad de sus oficinas en espera de que la tormenta pase....Y SI DE ESCUCHAR SE TRATAEl Presidente está solo porque quiere y porque los panistas no superan aún el síndrome llamado Marta Sahagún. Doña Margarita no puede seguir prisionera entre las murallas de Los Pinos saliendo sólo en las ocasiones que actos de corte menor requieren su presencia.Tampoco se trata de convertirla en posibilidad para el 2012 porque el país no está preparado para las dinastías, pero su imagen impecable de dama, de política fraguada en el Partido y en el Congreso, la convierten en el mejor e insuperable activo de su marido y del PAN. Basta que en Los Pinos lean las encuestas con detenimiento.La señora Calderón es una mujer respetada incluso por la oposición. Carlos Navarrete, que no es sospechoso de cortesano calderonista, me confió admirado una anécdota de Margarita en los primeros días de su estancia en Los Pinos. Descubrió que sus niños desayunaban diferentes menús cada uno. Preguntó al jefe de la cocina por qué. Le explicaron que allí había de todo, que era normal hacerlo. La Señora ordenó que a partir de ese momento se preparara sólo un menú para todos. No está dispuesta a que durante seis años sus hijos vivan fuera de la realidad. Su esposo es Presidente, pero para la familia la vida sigue siendo normal.Esta mujer, capaz de reaccionar así en el momento cumbre de la familia, es la mejor oferta del Presidente a los mexicanos en los tormentosos tiempos que vive. Quizá llegó el momento de usarla no solamente para cuestiones protocolarias y convertirla en activista del proyecto panista.El miércoles, en el Foro Víctimas del Secuestro, Margarita usó la palabra que parecía que le tenían prohibido mencionar: política. Dijo que “escuchar es una de las acciones que hacen falta en México, tanto en la política como en la sociedad”.Tiene razón. Los Pinos, o por lo menos algunos de sus inquilinos, no saben, no quieren o no tienen tiempo para escuchar y hacer política.Unos días después de derrotar a Santiago Creel, Felipe platicó a IMPACTO sus peripecias a raíz de que tomó la decisión de romper con Vicente Fox y buscar la candidatura presidencial del PAN. Se había quedado sin trabajo y, para colmo, sólo Josefina Vázquez Mota se atrevía a desafiar la consigna al gabinete de no contestarle el teléfono.“Tuvimos que vivir de las dietas de Margarita (era diputada)”, dijo entre risas.Sí, ella era su sostén.
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