Cualquiera de estas razones era motivo suficiente para que las mujeres, especialmente las jovencitas, lo pensaran, no una, sino muchisimas veces, antes de comenzar su vida sexual. Y es que pese a la aparición de enfermedades sexuales mortales, como el Sida, para muchas de ellas el principal miedo era embarazarse y terminar con el rechazo de su familia y también con sus principales aspiraciones, como estudiar o terminar una carrera.
En la actualidad, las jóvenes meridanas, al menos las universitarias o mujeres con preparación académica, han cambiado su forma de pensar, ya que el inicio de la vida sexual no les causa tanto conflicto como a las generaciones anteriores. Con la información para evitar embarazos, su independencia emocional, la búsqueda de la equidad de género y su deseo de realizarse como profesionistas o como mujeres trabajadoras, estas nuevas meridanas se sienten más seguras de tomar el control de su vida y de asumir los riesgos involucrados en iniciar su vida sexual a muy temprana edad.
Ellas mismas han atestiguado que al iniciar demasiado jóvenes su sexualidad hay consecuencias que pueden cambiarles drásticamente la vida: un embarazo no deseado, un matrimonio forzado —que con el tiempo conlleva a un divorcio—, abandonar sus estudios y olvidarse de ser "joven" para dedicarse a ser "proveedora del hogar", ama de casa o madre de familia.
En entrevistas con jóvenes universitarias de la Facultad de Contaduría de la Universidad Autonóma de Yucatán (FECA), las estudiantes del séptimo semestre hablan sobre las experiencias de amigas, compañeras y conocidas que decidieron iniciar una vida sexual activa a muy temprana edad.
Aunque varias de ellas manifestaron como promedio para iniciar relaciones sexuales entre 17 y 18 años, indicaron que todavía es muy común que mujeres más jóvenes —14 a 16 años— comiencen a relacionarse íntimamente con su pareja, aún cuando no están preparadas con información o no son responsables.
Dijeron que es en ese rango de edad en que han conocido más casos de embarazos no deseados, matrimonios y divorcios de compañeras de clases o conocidas.
También se manifestaron informadas sobre los distintos tipos de métodos anticonceptivos, siendo el más utilizado el condón, y en segundo lugar, las pastillas.
Sin duda, todas las entrevistadas señalaron como su principal temor al tener una vida sexual activa, el embarazo: podría ocasionarles abandonar su carrera. Las enfermedades venéreas no cruzan por su mente porque confian en la protección del condón y en la monogamia. Reconocen, sin embargo, no estar seguras de que su pareja sea tan cuidadosa en ese aspecto.
También dijeron que para las nuevas generaciones, las relaciones sexuales forman ya parte del noviazgo, esto que, hace algunos años, no era considerado como una fase obligada de éste.
Contrasta la visión de las universitarias de hoy con la forma en que las mujeres de hace 20 años o más vieron el tema del inicio de la sexualidad cuando eran unas adolescentes o unas jovencitas.
En ese momento de sus vidas, las madres de familia les hacían gran énfasis a sus hijas en la abstinencia sexual, en lo criticable que eran para la sociedad las madres solteras, en que el sexo fuera del matrimonio no era aceptable y en que las mujeres "de cascos ligeros", no eran consideradas para elegir como esposas.
Era tanto el ideal del control de los padres sobre la sexualidad de sus hijas, que no faltaron madres que aterrorizaban a sus hijas con historias como "si un hombre te toca la mano, te va a embarazar", y muchachas que se las creían y que reprimían, por eser temor exagerado, su deseo de relacionarse íntimamente a esa edad.
Para otras la decisión de retrasar el inicio de su sexualidad se debió a ideas generalizadas en esas épocas: "la primera vez debe ser especial", "debe ser con alguien con quien desees compartir tu vida". Algunas de ellas lo tomaran tan al pie de la letra, que hoy, muchas de ellas, a sus 40 años, aún no dan ese paso, porque siguen en la búsqueda de ese príncipe azul que simple y sencillamente parece no existir.
Y las que se atrevieron a hacerlo muy jóvenes, no hablaron de sus experiencias cuando éstas se realizaron. Sólo dejaron saber a sus amistades más cercanas del tema mucho después y para comentarles sobre posibles arrepentimientos o para aleccionarlas a no dar ese paso. L.I.
Tags: REVISTA ARTICULO 7