AQUI LES DEJO UNA COLUMNA ESCRITA POR FILIBERTO PINELO SANSORES EN EL DIARIO DE YUCATAN, MUY INTERESANTE.
A pagar por sus sueños
El saqueo de las finanzas del Estado
Filiberto Pinelo Sansores
Mientras el país pasa por una situación sumamente difícil que se traduce en desempleo, hambre, pobreza, marginación, nulas oportunidades de estudio para cientos de miles de jóvenes, etcétera, en Yucatán, como si perteneciera no sólo a otro país sino a otro mundo, vivimos en eterna fiesta. Aquí los males sociales enunciados están en franco retroceso gracias a los programas del gobierno estatal que preside doña Ivonne.
Convertido el Estado en una página de sociales, se necesitan abundantes recursos para continuar la diversión. Pero resulta que las arcas ya están vacías. Desde agosto, los toneleros del reino avisaron a la reina que los odres estaban secos y que era necesario llenarlos de nuevo.
En ocho meses este gobierno se bebió su dotación de todo el año... ¡y quiere más! Como quiere seguir la borrachera y a la que lo preside se le gastó el dinero antes de tiempo por el dispendio con que lo usa, ésta dispuso que sus empleados del Congreso yucateco —entre los que no sólo están los diputados del tricolor sino también una que, como el “Juanito” del D. F., engañó a sus electores y una vez con el hueso en la mano se cambió de camiseta— aprobaran el mayor endeudamiento público de la historia de Yucatán.
Actuando con el mayor de los cinismos, como se esperaba, los susodichos diputados se negaron tajantemente a que se discutiera —con la profundidad que requiere una propuesta de tal magnitud— la solicitud de su titiritera, con los argumentos sobados que acostumbran para tender la consabida cortina de humo sobre su condición de serviciales amanuenses, temerosos de que quien les regaló el puesto se los quite o los relegue al ostracismo. Tal como fueron las órdenes que recibieron, se negaron a que se dejara claro el destino del dinero que ahora, mediante este asalto, quedará en manos de doña Ivonne.
Mil ochocientos setenta millones es la cantidad que corresponde a la gigantesca deuda que ya tramposamente autorizada contraerá el gobierno del Estado, deuda que durante 25 años nosotros, nuestros hijos y hasta nuestros nietos pagaremos, para sostener el dispendio de un gobierno cuya titular, en época de crisis, no se tienta el corazón para tirar enormes fajos de billetes en festejos y agasajos, o en la creación de nuevos puestos de relumbrón abastecidos con enormes sueldos y prestaciones, mientras simula que invierte en obras y programas productivos, aunque a cada rato es exhibida por no cumplir su parte en los que, con el gobierno federal, tiene el compromiso de participar.
Se gastó el dinero de un año, 2009, antes de tiempo, porque fue desviado a fines ajenos a las necesidades del Estado, como la organización de pachangas, los actos de acarreo en que se luce la primera bailadora del Estado, los pagos a las televisoras para que pueda aparecer en sus programas de chismorreos, los eventos en que, con el pretexto de la promoción turística del Estado, el erario carga con los gastos de estancia de las “míses” de concursos frívolos, las costosas campañas de los candidatos priistas de las pasadas elecciones y las que desde ahora hacen sus gallos para los puestos que se pondrán en juego el próximo año, entre ellos, la alcaldía de Mérida.
En menos de un año, Ivonne y su tremenda corte se “chuparon” el presupuesto completo y ahora necesitan más dinero para no quedar paralizados frente a los compromisos que estaban previstos en él, como el del pago a los proveedores y el de los aguinaldos, y ¡cómo no!, para hacer frente al reto de la campaña de 2010, en la que tratará de embolsarse lo que queda del Estado, es decir el mayor número de los ayuntamientos que todavía no tiene en sus manos, sobre todo, el más codiciado: el de su capital. ¿O de dónde saldrán los recursos para abrir las seis oficinas de “enlace”, para hacer “gestión ciudadana” de la diputada consentida de la gobernadora creadas para comprar el voto de los más pobres? Así pues, aunque el Estado se esté cayendo en pedazos, hay que pagar para que las aspiraciones “milyunochescas” de la estrella sigan firmes.— Mérida, Yucatán.
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