martes, 15 de septiembre de 2009
REPORTAJE PUBLICADO EN LA REVISTA IMPACTO ESTA SEMANA, A PROPOSITO DE LA COMPARESENCIA DE CARSTENS EN LA CAMARA DE DIPUTADOS HOY 15 DE SEPTIEMBRE

Cuando se trata de darle de comer a los mexicanos, el gobierno federal receta dieta.En ofensiva a la crisis económica nacional, la propuesta del Presidente Felipe Calderón fue la austeridad. “No tenemos recursos... Debemos ir a fondo”.Por el lado oficial desaparecen dos secretarías y una es reducida a Contraloría. Además hay apriete de cinturón en distintos gastos y en salarios de funcionarios.Para los mexicanos el diagnóstico fue peor: Pagar más impuestos. Con ello, cómo negarlo, se adelgazarán terriblemente los bolsillos.Pero es una obra buena, diría Agustín Carstens, secretario de Hacienda, y Ernesto Cordero, de Sedesol: Será en beneficio de los pobres.Hasta la semana antepasada, sólo nos agobiaban la crisis económica (en general), la violencia, la influenza, la caída del petróleo y el agua. El Presidente corrigió: La gran preocupación son los pobres.Entonces apareció el “buen corazón” del gobierno federal. Indiscutible, desterrar la pobreza es una de las obligaciones de todo gobierno. Raro, por no estar dentro de los cánones de partidos de derecha, así tan transparente. Válido, sin embargo, pues nadie impide a la derecha rebasar por la izquierda, o viceversa.La indumentaria está lista. Medias, capa, botas. ¿A quién le quedará el traje de Robin Hood? Todo apunta a Ernesto Cordero, y no por tallas; queriendo, Carstens también se lo mide.El corcel está listo para partir al 2012. La gran diferencia, por aquello de la leyenda, es grande. El héroe de los necesitados obtenía dinero ilegalmente. Nuestro Robin Hood lo hará con todas las de la ley, incluso con el espaldarazo de los legisladores de todos los partidos si, deslumbrados por la “zanahoria” del recaudo del nuevo impuesto del 2 por ciento y la parte prometida para los estados gobernados por ellos, apoyan la medida impositiva.Una semana después de la advertencia (“probablemente va haber mucha tensión y saldrán muchas chispas&rdquoGuiño todos nos enteramos de la verdad: “Robin Hood” iría contra la clase media y ricos, así lo niegue José Antonio Meade, subsecretario de Ingresos, para salvar a los pobres.El plan es extenso y tupido:Impuesto de 2a las ventas (un “IVA disfrazado”, dicen), ISR de 28 por ciento a 30 por ciento, aumento de 1 por ciento al Impuesto a Depósitos en Efectivo y reducción del monto de 25 mil a 15 mil pesos, 4 por ciento en telecomunicaciones (Internet, celulares, TV de paga); alza impositiva a tabaco, cerveza, juegos y sorteos; incrementos en 2010 a la gasolina y diesel.Por poco se nos olvida (gracias a Cuauhtémoc Blanco y a Josmar Flores, ejecutor de Honduras y aeropirata arrepentido, respectivamente): Calderón también prometió, lastimeramente: “Estoy preparando un drástico ajuste a la estructura de la administración pública”.Todo, sin embargo, quedó en finta. La dieta al gobierno federal se parece a la de “la berenjena”. Comes de todo, menos berenjena.Mejor armado no pudo estar el plan. El histrionismo presidencial de la semana pasada tenía como objetivo amortiguar el trago de saliva, ablandar las invectivas, después de soltarnos el martillazo.Si por algún momento nos imaginamos algo así como el despido de más de la mitad de su gabinete, nos equivocamos.En realidad no hubo tal “reorganización del gobierno”. La medida fue raquítica y se quedó en las salidas de funcionarios de primer nivel ya predispuestas: Eduardo Medina-Mora, de PGR; Alberto Cárdenas, de Sagarpa, y Jesús Reyes Heroles, de Pemex.Vaya, esa no era la razón de la advertencia presidencial de “habrá tensión y chispas”.Y llegaron invitados de piedra. Los pobres.Hasta la semana antepasada, días antes del Tercer Informe de Gobierno, los marginados seguían siendo los mismos de siempre.Si José López Portillo viviera, quizá aplaudiría la medida y hasta repetiría:“A los desposeídos y marginados, a los que hace seis años les pedí un perdón...”.“No vengo aquí a vender paraísos perdidos, ni a buscar indulgencias históricas”.“Ya nos saquearon. México no se ha acabado. No nos volverán a saquear”.Pero no, aquello fue hace casi tres décadas. Los únicos que no cambian son los pobres. Esos por quienes el actual gobierno federal apuesta. Esos que tendrán la oportunidad de saciar su hambre, mínimamente, siempre y cuando le entren al trueque: Yo te doy, tú votas por mí.Pero mientras tanto, el resto de los mexicanos será exprimido, sometido a régimen de dieta.Hoy un fantasma recorre la República. Es el nuevo “Robin Hood”... con licencia.

Tags: REVISTA IMPACTO.

Publicado por Desconocido @ 14:12
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